Los pecados del pasado

Al otro lado del mar, en Marley, los eldianos no viven en libertad, sino bajo control y discriminación. Son descendientes del antiguo imperio y son obligados a cargar con la culpa de sus antepasados. Viven en zonas de internamiento separadas del resto de la población y deben llevar brazaletes que los identifican como eldianos, marcándolos como ciudadanos inferiores.
Desde pequeños, los niños crecen sabiendo que su único camino hacia una vida mejor es convertirse en guerreros. Se les entrena para heredar el poder de los titanes y luchar por Marley, no por elección, sino para proteger a sus familias y obtener reconocimiento. A cambio, su vida queda condenada por la maldición de los trece años. Marley utiliza a los eldianos como armas, enviándolos a la guerra o transformándolos en titanes puros para combatir contra otras naciones del mundo.
Porque Marley no es el único país: existen otras potencias que temen el poder titánico y buscan nuevas formas de enfrentarse a él mediante tecnología. En este mundo, los titanes ya no son monstruos, sino herramientas, y el verdadero control se ejerce a través del miedo y la culpa. Así, aunque lejos de las murallas, los eldianos siguen viviendo en otra prisión, invisible pero igual de real.